BAJO LAS PALMERAS

miércoles, 25 de julio de 2007

EL ROMANTICISMO EN GUSTAVO ADOLFO BECQUER

EL ROMANTICISMO DE BECQUER
CARMORVAN
Muy difícil ignorar el rol de Gustavo Adolfo Bécquer en el romanticismo, sus obras, sus leyendas, rimas principalmente, muestran un romanticismo pleno que no puede pasarse por alto.
Recuérdese como ya se ha escrito, que la estética y la temática del romanticismo giran en torna a estos dos conceptos: Individualismo y subjetivismo y exaltación de la libertad, que se pueden desarrollar en una serie de aspectos:
1.El romántico lucha a favor de la libre expresión de su sentimiento.
2.Los temas predominantes son: la frustración del yo, del amor y de los sentimientos de tristeza, soledad, nostalgia, melancolía y desesperación.
3.La visión de la realidad a través de la subjetividad y la aceptación o rechazo de la misma según la resonancia que tenga su intimidad.
4.La visión dramática y sentimental de la naturaleza. Manifiesta un profundo y rico sentimiento del paisaje, pero este se representa a sus ojos en cohesión con su estado de ánimo.
5. La actitud de rebeldía.
a) Ante la sociedad mediocre e insensible, porque no valora ni comprende. Pone como protagonistas de sus obras a los personajes más mediocres de la sociedad ( el verdugo, el mendigo, el reo de muerta, el pirata, Espronceda.).
b) Ante la muerte o ante el mismo Dios.
6. El romántico se mueve incómodamente en la realidad, porque le resulta estrecha, el mundo sórdido y el vivir la produce hastío, por lo que se evade.
a) En el tiempo: se traslada a los tiempos de la edad media.
b) En el espacio: se traslada a lugares exóticos, como a oriente.
c) Más allá de sí mismo.
7 .Mezcla en una misma obra prosa y verso.
Pero ¿Quién fue Gustavo Adolfo Bécquer?, tal como lo señala Wikipedia: nació en Sevilla, hijo del pintor José Domínguez Insausti, que firmaba sus cuadros con el apellido de sus antepasados como José Domínguez Bécquer, por parte de su abuela. Su madre fue Joaquina Bastida de Vargas. Por el lado paterno descendía de una noble familia de comerciantes de origen flamenco, los Becker o Bécquer, establecida en la capital andaluza en el siglo XVI; de su prestigio da testimonio el hecho de que poseyeran capilla y sepultura en la catedral misma desde 1622.
Su casa natal ya no existe. Fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo Mártir. Sus antepasados directos, empezando por su mismo padre, José Domínguez Bécquer, fueron pintores de costumbres andaluzas, y tanto Gustavo Adolfo como su hermano Valeriano estuvieron muy dotados para el dibujo. Valeriano, de hecho, se inclinó por la pintura. Pero murió el padre el 26 de enero de 1841, cuando contaba el poeta cinco años. En 1846, con diez años, Gustavo Adolfo ingresa en el Colegio de Náutica de San Telmo, en Sevilla, donde le da clases un discípulo del gran poeta Alberto Lista, Francisco Rodríguez Zapata, y conoce a su gran amigo y compañero de desvelos literarios Narciso Campillo. Pero los hermanos Bécquer quedaron huérfanos también de madre al año siguiente, el 27 de febrero de 1847, y fueron adoptados entonces por su tía María Bastida y Juan de Vargas, que se hizo cargo de sus sobrinos, pero Valeriano y Gustavo se adoptaron desde entonces cada uno al otro y emprendieron de hecho muchos trabajos y viajes juntos
Los modelos poéticos de Bécquer fueron varios; en primer lugar, Heine; W. S. Hendrix señaló además a Byron y Dámaso Alonso a Alfred de Musset. Hay huellas de estos autores en su poesía.
Fuera de su importante lírica, Gustavo Adolfo Bécquer fue también un gran narrador y periodista. Escribió veinticinco narraciones del género leyenda, muchas de ellas pertenecientes al género del relato gótico o de terror, otras, auténticos esbozos de poesía en prosa, y otras narraciones de aventuras. María Rosa Alonso encontró en ellas siete temas principales: el oriental, la muerte y la vida de ultratumba; el embrujamiento y la hechicería; el tema religioso; inspirado en el Romancero y las de tendencia animista.
Bécquer demuestra ser un prosista a la altura de los mejores de su siglo, pero es de superior inspiración e imaginación y un maestro absoluto en el terreno de la prosa lírica. En sus descripciones se echa de ver el profundo amor del poeta por la naturaleza y el paisaje castellano. Escribió además las Cartas desde mi celda en el Monasterio de Veruela, a las faldas del Moncayo adonde fue a reponerse de su tuberculosis o tisis, enfermedad entonces mortal; sus cartas desbordan vitalidad y encanto. No se ha estudiado todavía su obra periodística.
Bécquer es, a la vez, el poeta que inaugura -junto a Rosalía de Castro- la lírica moderna española y el que acierta a conectarnos de nuevo con la poesía tradicional. Las Rimas se encuadran dentro de dos corrientes heredadas del Romanticismo: la revalorización de la poesía popular (que la lírica culta había abandonado en el siglo XVIII) y la llamada “estética del sentimiento”. El ideal poético de Bécquer es el desarrollar una lírica intimista, expresada con sinceridad, sencillez de forma y facilidad de estilo. Bécquer y sus Rimas son el umbral de la lírica española del siglo XX. Miguel de Unamuno, los hermanos Antonio y Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y otros lo han considerado como figura fundacional, descubridora de nuevos mundos para la sensibilidad y la forma expresiva.

Las Rimas, una colección de setenta y nueve poesías, publicadas al año siguiente con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un tanto hueca del estilo de sus predecesores. Formalmente son poemas breves en versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño, el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto con su engañosa sencillez, suponen la "culminación de la poesía del sentimiento y de la fantasía", en palabras de Jorge Guillén, y como dijo Luis Cernuda: "Desempeñan en nuestra poesía moderna, un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición que llega a sus descendientes."
Las 79 rimas constituyen en realidad un solo poema de amor. Bécquer no deja nunca de hablar de sí mismo, de su vida interior. Nombra a la mujer que ama, a la que un día le amó, a la que le abandonó. Todo el camino que va desde el presentimiento del amor hasta el fracaso, desde el momento en el que el amor aparece hasta en el momento de la soledad en el que no habrá más que el recuerdo, se recorre a lo largo de las rimas.
Ignoramos en que circunstancias concretas se escribieron, a que mujer o mujeres se refieren. El poeta escribe para hablas del amor, en el que no hay separaciones no limites, sino unión del individuo con la naturaleza, de las realidades con los deseos, del hombre con Dios. Pues no se trata aquí de ideas, sino de sentimientos, de imágenes y de música. Se trata más de sugerir que de decir. Aparente sencillez en el lenguaje de las rimas: Bécquer no quiere que sus poemas parezcan poéticos, sino que nombren la verdadera poesía, en la naturaleza, en le misterio, en los sentimientos, en el amor.
Definitivamente, en verso, su gran talento se expresa en "Las Rimas", destacando entre ellas, cuatro grandes grupos: el primero versa sobre la poesía; el segundo trata del amor como experiencia gozosa; el amor como desengaño y el desamor de la ruptura es el tema central del tercer grupo; la última serie de rimas la constituyen sus poemas desolados sobre la soledad, la muerte...
Aunque parecen poemas muy sencillos, breves y de expresión clara, sin embargo son fruto de un trabajo riguroso y de un talento incomparable.


Su obra prosística se plasma por medio de sus Leyendas, inspiradas en historias tradicionales, destacando títulos como "Maese Pérez el Organista" y el "Monte de las Ánimas".
Recuérdese la RIMA LXXIII
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.
La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.
Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.
Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.
De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.
Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.
La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.
Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos...!
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.

Tags: sentimientos, amor, nostalgua, tristeza, evocación

Publicado por vennica @ 13:48 | 0 Comentarios | Enviar

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